Por Julián Parra Ibarra
MORENA es el partido que, desde la obtención de su registro, más pronto llegó a la Presidencia de México. Aunque apenas tiene ocho años de existencia, ya empieza a mostrar el innegable gen del canibalismo que lo acompaña desde su nacimiento, cuando se nutrió principalmente de quienes, presumiendo ser de izquierda, provenían del extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD).
En el PRD, ese gen terminó por consumir al partido al final de su historia. Las distintas tribus comenzaron a devorarse entre sí y, al final, el partido sirvió de trampolín para que Andrés Manuel López Obrador creara su propio movimiento: MORENA. Del partido del Sol Azteca quedó apenas el bagazo, que muy pronto terminó por extinguirse.
Ambos partidos, sin embargo, comparten ese mismo gen. De hecho, sus inicios son muy similares: nacieron con una figura central, un caudillo al que todos debían seguir y obedecer. En el PRD, esa figura fue Cuauhtémoc Cárdenas, con el movimiento del cardenismo; en MORENA, Andrés Manuel López Obrador, con el obradorismo. Pareciera que este último está siguiendo los mismos pasos que su antecesor y que, al final, su destino podría ser muy similar.
Al Partido Acción Nacional (PAN) le tomó 61 años, a partir de su fundación, llegar a la Presidencia de México. Sin embargo, bastaron un par de sexenios —los de Vicente Fox y Felipe Calderón— para que comenzara un retroceso que hoy lo ubica como un partido de presencia reducida, pese a haber sido durante muchos años la segunda fuerza política del país.
A MORENA le bastaron seis años y nueve meses desde su nacimiento como movimiento, y tres años y once meses desde que obtuvo su registro como partido político, para llegar a la Presidencia. Muchos creen que podría ocurrirle lo mismo que al PAN: que no logre mantenerse en el poder después de dos sexenios de ejercerlo.
Ocho años en el poder le han generado a la «quinceañera» un desgaste importante, que podría incrementarse con la definición de los llamados «coordinadores» —es decir, los aspirantes a las candidaturas— a las gubernaturas de los 17 estados donde habrá elecciones para gobernador.
Aunque los tres casos más emblemáticos en ese sentido son Nuevo León, Chihuahua y Guerrero, parece que habrá otros en los que la disputa, aunque de menor intensidad y por debajo de la mesa, también resultará desgastante y perjudicial.
Tatiana Clouthier, hija del recordado Maquío, ya comenzó a mostrar sus armas al exigir a la dirigencia nacional de MORENA que retire la «coordinación» a Clara Luz Flores y repita la encuesta interna para definir la candidatura a la gubernatura de Nuevo León del próximo año.
Clouthier inició su propio movimiento y su propia «revolución de las conciencias», y asestó sus primeros golpes a los principios básicos de MORENA: no mentir, no robar y no traicionar. Esto, al afirmar que el partido traicionó a sus militantes y a la población al entregar la gubernatura —dando por hecho que MORENA ganará la elección— a quien, según su postura, no cumple con los requisitos.
En otras palabras, sostiene que el partido les robó la ilusión a sus seguidores y la posibilidad de decidir quién querían que los representara en la contienda electoral.
Manuel Clouthier, hermano de Tatiana, celebró que MORENA dejara a su hermana fuera de la «coordinación» en Nuevo León, con el argumento de impedir que ella «continúe ayudándolos en la destrucción del país».
A través de las redes sociales, su primer comentario fue contundente: «¡Qué chingadazo le pusieron la presidenta Claudia, MORENA y la 4T a Tatiana al no seleccionarla como su candidata! Porque el pretexto que se tenía era una decisión de género, pero aquí fue contundente: “tú no”».
En Chihuahua y Guerrero también se han registrado los primeros «rounds de sombra» entre los grupos internos, y eso que la contienda todavía no comienza formalmente.
Aún falta ver cuántos damnificados quedarán en el camino cuando se definan las candidaturas a las diputaciones federales y, en los estados donde corresponda, las de diputaciones locales, presidencias municipales, regidurías y otros cargos.
El proceso electoral de 2027, que será la elección intermedia de la presidenta Claudia Sheinbaum, y los resultados que arroje servirán como parámetro para medir el futuro y el camino que le espera a la «quinceañera» rumbo a la elección presidencial de 2030.
¿Comenzará el canibalismo heredado del PRD entre las distintas corrientes de MORENA, sobre todo entre moderados y radicales, hasta llevarlos a devorarse entre sí? ¿Terminará por sucederle lo mismo que al PAN, al que dos sexenios le bastaron para iniciar una caída que parece interminable?
Pero hay una pregunta más: ¿y la oposición? ¿Alguno de los partidos ha comenzado a trabajar en un perfil que pueda encaminarse rumbo a 2030? ¿Qué ha hecho la oposición para convencer a los mexicanos de que, entre todas sus fuerzas, podría poner sobre la mesa una candidatura competitiva?
Porque, si no, ¿pues cómo?
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