La ola privatizadora iniciada por Carlos Salinas de Gortari recibió un nuevo impulso en el Gobierno de Ernesto Zedillo, su sucesor, antítesis moral y siamés neoliberal. El segundo embate terminó de desmantelar la infraestructura creada por los Gobiernos emanados de la Revolución en más de siete décadas, propiedad del Estado, en favor de inversionistas nacionales y extranjeros. Zedillo utilizó la misma fórmula salinista: adaptó la Constitución social de 1917 al modelo capitalista depredador mediante una batería de reformas aprobadas sin chistar por el PRI y el PAN. El PRD fue el único que opuso resistencia.
La privatización del sistema ferroviario, entonces concentrado en Ferrocarriles Nacionales de México (Ferronales), fue la mayor del Gobierno zedillista. La empresa se fragmentó y se puso en manos de corporaciones internacionales y del país hasta por 50 años. El servicio de transporte de pasajeros se canceló y la red se dedicó solo al traslado de productos. El Ferrocarril del Noreste se concesionó a la estadounidense Kansas City Southern, la cual se convirtió más tarde en Canadian Pacific Kansas City.
Triturados Basálticos (Tribasa), constructora vinculada a Raúl Salinas de Gortari —hermano del expresidente—, tomó el control del Ferrocarril del Sureste; luego lo cedió a Carlos Slim y cambió de nombre a Ferrosur. Union Pacific se asoció con Grupo México (propietario de la mina Pasta de Conchos, en Coahuila, cuando ocurrió la explosión que mató a 65 obreros en 2006) e Ingenieros Civiles Asociados (ICA) para comprar el Ferrocarril Pacífico-Norte, desde entonces Ferromex. Concluido su sexenio, Zedillo se incorporó al consejo de administración de Union Pacific; también fue consejero y accionista de Citigroup (que en 2001 adquirió el Banco Nacional de México) y de las transnacionales Procter & Gamble y Alcoa, donde obtuvo ingresos importantes.
En un país donde la Revolución se hizo a lomo de tren y la mujer desempeñó un papel central, como lo muestra la fotografía «Soldaderas en el estribo de un vagón», de Jerónimo Hernández (1912), el ferrocarril posee una enorme carga simbólica. Y es justamente el Gobierno de una mujer, la presidenta Claudia Sheinbaum, quien, como parte del segundo piso de la 4T que se comprometió construir, desarrolla nuevos proyectos ferroviarios de pasaje y carga para cubrir las rutas Ciudad de México-Pachuca, Ciudad de México-Querétaro, Querétaro-Irapuato y Saltillo-Nuevo Laredo.
La sed neoliberal también secó los aeropuertos. En la administración de Zedillo, la mayoría de las terminales aéreas del país se transfirió a tres grupos privados: el Aeroportuario del Pacífico (GAP), el Aeroportuario del Centro Norte (OMA) y el Aeroportuario del Sureste (ASUR). Los tres cotizan en las Bolsas de México y Estados Unidos; los tenedores de títulos son, en su mayoría, personas físicas o morales y fondos globales. Zedillo privatizó, asimismo, el Sistema Satelital Mexicano y los puertos de Veracruz, Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Altamira y Tampico. En el sector energético, el almacenamiento, transporte y distribución de gas natural se abrió al capital privado. Algunas privatizaciones tuvieron efectos positivos para el país, pero, en general, beneficiaron más al gran capital. Para la derecha, el dinero dirigido a las élites es «salvamento»; y los recursos destinados a los programas sociales, que en los ocho últimos años han rescatado de la pobreza a más de 17 millones de personas, son «limosnas».
VOTO DEL BOLSILLO
Ronald Reagan —gobernador de California y presidente de Estados Unidos por dos periodos consecutivos— consultaba las encuestas antes de dormir; si las tendencias le favorecían, se retiraba a su habitación con la idea de que le faltaba un voto para ganar. Con ese aliciente reanudaba su campaña al día siguiente con más brío y convicción. Reagan militó primero en el Partido Demócrata y luego se afilió al Republicano. De ascendencia irlandesa por el lado paterno, el 40° presidente de Estados Unidos pasó penurias durante su infancia, transcurrida en Tampico, Illinois. Reagan cuenta en su autobiografía Una vida americana que Nelle, su madre, hacía «que un hueso para sopa durara varios días» (los sábados se comía hígado).
En otra parte del libro dice que, si después de pagar la hipoteca, las facturas, los gastos del hogar y la escuela de sus hijos los estadounidenses aún tienen dólares en la cartera, normalmente votan por el mismo partido. Ambas estrategias —evitar el triunfalismo y mantener la inflación bajo control— le dieron resultados. En 1984 venció al candidato demócrata Walter Móndale con una votación histórica para continuar cuatro años más en la Casa Blanca. La Administración de Reagan fue de claroscuros, como la mayoría, pero el balance final le favorece. No de balde es uno de los líderes de su país más apreciados.
En la era de Reagan, el mayor conflicto entre Estados Unidos y México ocurrió en 1985. Ese febrero de ese año, el agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar y el piloto Alfredo Zavala fueron secuestrados y asesinados por órdenes del entonces jefe del Cártel de Guadalajara, Rafael Caro Quintero. Según exagentes de la DEA y diversos documentos, las investigaciones de Camarena, que previamente habían permitido destruir el mayor plantío de marihuana en el rancho «El Búfalo» (Chihuahua), lo condujeron a un terreno minado. De acuerdo con el informe del Comité Perry, el narcotráfico financiaba la compra de armas para la Contra de Nicaragua. Por ese motivo, la CIA y los capos habrían planeado la eliminación del policía encubierto. Estados Unidos utiliza esa doble moral no solo en el tema de las drogas, sino en todos.
Hoy, con las elecciones de Estados Unidos en puertas, el presidente Trump —hijo de inmigrante escocesa— invierte la fórmula reaganiana para atraerse votantes. Las encuestas predicen para el 3 de noviembre la derrota —casi aplastante— del Partido Republicano en el Congreso, la mayoría de las gubernaturas e incluso el Senado.
Trump revisa las tendencias y duerme como si tal cosa. En lugar de reconciliarse con los electores, ofrece abiertamente dinero a cambio de votos y becas de ahorro para los niños. Si en México la aprobación del 67 % de la presidenta Claudia Sheinbaum propulsa a los candidatos de Morena, allende el Bravo, el rechazo de Trump del 61 % contagia a los del Partido Republicano y oxigena a los demócratas.
Trump tiene abiertos múltiples frentes dentro y fuera de su país, que los republicanos pagarán sin duda en las urnas. La guerra contra Irán es ruinosa y altamente impopular. El trato inhumano a los migrantes indocumentados y las políticas persecutorias contra quienes ingresan legalmente son repudiadas por la mayoría.
Sin embargo, el mayor daño es en la economía de las familias estadounidenses, que Reagan priorizaba. El enfado por el aumento de precios de los combustibles y los alimentos devendrá en alud electoral. Trump olvidó también la máxima de Lincoln, uno de los líderes más respetados de su país, según la cual «una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil». También lo es de la hiperlogía que el magnate padece.
PREDIAL, MINA INEXPLOTADA
Dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es el país que menos recauda por concepto de Impuesto Predial. La principal fuente de ingresos de los municipios —el eslabón político y económicamente más débil y a la vez el más exigido— no llega ni al 0.5 % del Producto Interno Bruto. En los países miembros del organismo la captación es casi cuatro veces mayor; en América Latina y el Caribe, la tributación inmobiliaria duplica a la nuestra. El rezago se refleja en ciudades deterioradas, servicios públicos insuficientes y de mala calidad, cráteres en lugar de pavimento, banquetas intransitables, encharcamientos por doquier y alumbrado intermitente.
Para robustecer las finanzas municipales, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la OCDE aconsejan actualizar el Impuesto Predial, lo cual es anatema para los terratenientes, quienes ganan por partida doble: contribuyen poco y sus propiedades adquieren plusvalía. Saltillo es una de las ciudades donde el acaparamiento y la especulación son más consentidos por las leyes. Grandes extensiones urbanas —ociosas y convertidas en muladares— obstaculizan el desarrollo; el precio de la tierra se dispara y la lejanía de los fraccionamientos encarece el transporte y los servicios.
Un estudio del BM señala que el principal patrimonio de América Latina y el Caribe son los bienes inmuebles, que en promedio representan el 86 % de la riqueza local. La cifra aumenta en México al 90.5 %. La periodista Yolanda Morales toma del informe «Impuestos a la riqueza para la equidad y el crecimiento» un dato clave: «este tipo de impuesto tiene el potencial de construir una mayor base gravable para fortalecer los recursos públicos municipales» (El Economista, 08.10.26).
Contrario a la raquítica recaudación de Predial, la OCDE advierte que México es uno de los países que incrementaron más los ingresos federales, no mediante alzas en las tasas, sino con estrategias para que el cobro a los grandes contribuyentes y la fiscalización a las corporaciones sean más eficientes. El organismo ha sugerido a los Gobiernos subnacionales (estados y municipios) tomar en cuenta la experiencia de países avanzados donde la aplicación masiva de impuestos sobre la propiedad sirve de palanca para un crecimiento equilibrado y constante. El BM —apunta Morales en su nota— pone a Bogotá y Barranquilla, Colombia, de ejemplo de cómo gravar la propiedad permite generar recursos, promover la transparencia e impulsar el desarrollo urbano sostenible, siempre y cuando la gestión «sea efectiva y modernice al catastro».
Precisamente el 14 de octubre, el Senado aprobó la expedición de la Ley General para el Fortalecimiento y Armonización Catastral y Registral, tendente a homologar, actualizar y vincular los catastros y los registros públicos de la propiedad en todo el territorio nacional.
Los municipios y los estados deberán elaborar mecanismos de coordinación con el Gobierno federal para fortalecer y modernizar la cartografía. No es un aumento al Predial, como se argumenta para descalificar la nueva norma y generar confusión y malestar ciudadano. El mecanismo permitirá, por sí solo, captar mayores ingresos para que los municipios puedan afrontar la demanda creciente de servicios con menos agobio. Quienes, como era de esperar, pusieron el grito en el cielo, son aquellos que secularmente han aprovechado su poder económico y sus influencias políticas para empobrecer a los municipios mientras ellos se enriquecen y las clases media y baja pagan los costos de su avaricia.
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